Al principio estaban un poco rígidas y nerviosas, pero tras beberse todo lo que había en el mini bar de la habitación del hotel sus deseos ocultos y sus tendencias exhibicionistas empezaron a manifestarse.
Una vez terminadas las primeras sesiones fotográficas en el hotel, mi chofer privado nos condujo a ciertos lugares que habíamos escogido previamente con mucho cuidado, incluyendo fábricas abandonadas, un museo de trenes (donde un pazguato fanático de los trenes se llevó la emoción de su vida) y una reserva natural, y después regresamos al hotel para que las chicas se masajeasen entre ellas a fondo.
Conforme el día iba avanzando las chicas se fueron encariñando, y al final del día acabaron duchándose juntas.
¡Que vivan las chicas de Cracovia!
Petter
















